Los cursos de retiro espirituales -en sus distintas modalidades- han sido utilizados durante siglos por los cristianos para mejorar su vida espiritual, y resultan ahora particularmente recomendables porque vivimos inmersos en una cultura caracterizada por la nostalgia de Dios.

 

¿Curso de retiro? ¿De qué se trata?

curso de retiro Aneto 2012

Hacer unos ejercicios espirituales, un curso de retiro, es una manera práctica de acercarse a Dios, una oportunidad estupenda para tratarle con paz, con mayor intensidad. Conocerle mejor y conocernos con la luz que Él nos da, de modo que ese conocimiento influya en nuestra vida, mejorándola, amando más a Dios y al prójimo. Muchas veces será el inicio de una sincera conversión. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 1).

Hay momentos en la vida en que es necesario pararse; épocas en que las necesidades espirituales se agudizan, y se mira la vida cara a Dios, y uno se plantea las grandes cuestiones de todos los tiempos: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuál es nuestro origen?, ¿cuál es nuestro fin?, ¿de dónde viene y a dónde va todo lo que existe?

Muchas veces vamos por la vida como acelerados. Más que ir nosotros, nos traen y nos llevan las cosas, las situaciones, las circunstancias. ¡Siempre con prisas! ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para quién trabajo de esta manera? ¡Que se detenga el mundo un par de días! ¡Necesito pensar!

Pues bien, en cierto sentido un curso de retiro hace realidad ese “milagro”.

La paz de unos días de retiro sirve para pensar con calma en lo importante y poner un poco de orden en las ideas. Familia, trabajo, vida cristiana, amistades… ¿Está cada cosa en su sitio? ¿Tengo que redimensionar algún aspecto de mi vida?

 

Soledad, sosiego, silencio, serenidad. Vida interior

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Buscar la soledad es una constante en la historia de la espiritualidad, porque en la soledad acontece con más facilidad el encuentro del alma con Dios.

“Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios, porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos, sino lo que Él nos dice y nos transmite” (Madre Teresa de Calcuta. Camino de sencillez).

Para oír la voz de Dios se necesita un ambiente apropiado. Un clima de silencio, de recogimiento interior, que facilite el diálogo personal con Él. Hablarle y escucharle. Eso es la oración. Y en ese ambiente, podemos preguntarnos sobre el sentido de nuestra vida, y preguntárselo a Dios, que es quien nos la ha dado.

Retirarnos algunos días a un lugar solitario para ahondar hasta llegar a las raíces de lo que somos, de la grandeza y dignidad de ser y sabernos hijos de Dios. Para meditar sobre nuestro destino eterno y formular propósitos concretos de mejora.

 

Pegas y excusas

Probablemente aparecerán razonadas pegas y excusas para dilatar o no hacer un Curso de retiro: “sería estupendo, lo reconozco, pero no es que no quiera hacerlo, es que…” Siempre habrá algo urgente que nos impida encontrar tiempo para lo importante. Y unos días de retiro son muy importantes para tu vida. Las mayores dificultades son la pereza, no querer rectificar, y evitar enfrentarse con uno mismo.

Piensa… ¿No sientes que a tu vida -tan plena de ciertas cosas- le falta sentido? Querrías cambiar y ¿no sabes cómo? Haz un curso de retiro.

 

Meditaciones y charlas

El curso de retiro consta de distintos actos -charlas, meditaciones, actos de piedad.- y de muchos momentos de silencio dedicados al examen personal y a la oración. En las meditaciones y charlas se suelen recordar las verdades fundamentales de la fe y de la moral cristiana -de acuerdo con lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado doctrina segura- para que nos lo apliquemos y mejoremos personalmente. Se procura que descubramos a Dios que se nos da a conocer en medio del trabajo, en la vida familiar o social, por la calle, que nos invita a participar de su felicidad, y que pide nuestra correspondencia.

En el curso de retiro no se plantean temas discutibles. Por eso no se va para opinar o hacer debates; se va a aprovechar el tiempo, a aprender y a adquirir la doctrina cierta en la que se fundamenta la vida espiritual y de la que se desprenden criterios prácticos de conducta.

Es posible que en alguna ocasión necesitemos tratar con mayor detenimiento algún aspecto de las meditaciones o charlas, o que tengamos alguna duda que nos interese aclarar. Entonces, para no distraer la atención de los demás, con sencillez, podemos acudir en privado al sacerdote o a alguna de las personas encargadas de atender el curso de retiro.

 

Eucarístía y Sacramento de la Reconciliación

En el curso de retiro se celebra diariamente la Eucaristía, y tenemos la oportunidad de recibir al Señor. La Eucaristía es lo más importante en la vida de un cristiano; es el centro y la raíz de la vida interior, la participación sacramental en el mismo Sacrificio de la Cruz.

Para vivir esta experiencia estupenda de intimidad con el Señor -lo tocamos, lo comemos, nos “endiosamos” al recibirle-, la Iglesia enseña que hay que estar en gracia, haber conseguido antes el perdón de nuestros pecados.

Con la confesión bien hecha, Cristo perdona los pecados. Cuanto mejor se confiesa uno, más gracia recibe y más se aproxima a Él. Y acercarnos a Dios es encontrar la alegría y la paz. Por eso es muy importante aprovechar el sosiego y el recogimiento interior de esos días para preparar y hacer una buena confesión. Este es otro de los grandes dones que el Señor nos hace en el curso de retiro.

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