UN SALTO A LA EDAD DE BRONCE

 

Escrito por un PADRE NO FOROFO PERO SÍ ENTUSIASTA

 

Bronce. Bronce de ley; de sudor, de sonrisas y entrega. El tercer peldaño de un podio que llena de orgullo a los benjamines de Aneto, que estos días han contribuido a engordar el prestigio y el palmarés de su formación.

 

Asumió Aneto el reto de competir en el Trofeo de Navidad de Delicias-La Bombarda. La cita reunía a un puñado de los más destacados equipos de Zaragoza: formaciones consolidadas, con ambición y la ilusión de ganarse un hueco en el escalafón del fútbol sala. Y Aneto no esquivó la responsabilidad.

 

La dirección de Diego Catalán permite descubrir una sintonía completa, llena de matices y de sonidos enriquecedores. Así se ha demostrado a lo largo de todo el torneo.

 

La formación ‘avispa’ se estrenó con un triunfo ante el Azúa (4-3). Es verdad que el equipo, al que le costó entrar en el partido, jugó a remolque, pero los goles de Keneth y Roberto encarrilaron un triunfo que metía a Aneto en semifinales.

 

La ruleta de un calendario intenso, apretado, empujó a jugar al día siguiente: cara a cara con el Ana Mayayo –campeón a la postre del torneo-. Aneto tuvo empaque, solidez, recursos. El duelo quedó tal vez marcado por una jugada clave: la interpretación de Jorge de una indicación del banquillo –parecía que había que repetir un saque desde la banda- finalizó en un penalti que el rival no convirtió, pero que el árbitro hizo subir al marcador.

 

Doble mazazo en un momento delicado. El equipo no se descompuso, pero también hay que reconocer los méritos de un rival, campeón al final, con el que Aneto se verá las caras en la siguiente fase. Ya hay ánimo de sana revancha deportiva…

 

El tercer y cuarto puesto era más que una final de consolación. Se trataba de ver la capacidad de recuperación de un equipo con ganas de sacar lo mejor de sí mismo después de un último duelo de perfiles complicados.

 

El técnico, Diego Catalán, apostó por las rotaciones. Que es donde mejor se pone de relieve la fuerza del conjunto. Y sobre esa fortaleza, Aneto fue dando forma a una victoria con sabor a gran triunfo. El éxito resume la filosofía y la forma de ser del equipo: Ángel –primero bajo palos, luego en la retaguardia-; José –que aunque tarde, siempre se suma a la fiesta-; Rodrigo, que guardó puerta en el primer partido; Guillermo –contundente, firme y con ambición atacante-; el baluarte Álvaro en la retaguardia; la polivalencia de Omar; Jorge –que ofrece recursos atrás y pegada (qué pegada) en la vanguardia-; el todoterreno Brian; Francisco, con un imán en los pies; y Roberto, Keneth y Jhonai, los que dan nombre al gol.

 

Hasta el desconcierto creado en el último cambio, cuando las ‘avispas’ inundaron el terreno de juego –hasta nueve jugadores a la vez con asombro del colegiado- puso de relieve la unidad de un equipo que besó el bronce y está llamado a pisar sobre metales aún más nobles.

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